A mal tiempo, buena cara. El director de Road Trip y The
Hangover; Todd Phillips, nos trae al excéntrico
archienemigo de Batman más cercano que nunca. El Joker de Joaquín Phoenix es en
pocas palabras la esencia misma de este maravilloso personaje, su libertad. La
historia está contada desde todas las veredas posibles. Si leíste los comics,
si has visto sus otras versiones en el cine o si simplemente te gusta el arte
de la pantalla grande y quieres disfrutar de un film perturbador: Definitivamente estás en la sala correcta, pero vamos
por parte.

Al principio se me estaba haciendo difícil verbalizar lo que
la película me había hecho sentir, hasta que finalmente entendí que tiene demasiadas
lecturas interesantes como para intentar hablar de emociones inmediatamente,
así que yéndonos por la técnica; lo primero que vamos a destacar es la tremenda
actuación de Joaquín Phoenix, que ya nos había deslumbrado en películas como Gladiator,
Walk the Line o Two Lovers. Para el personaje de Arthur
Fleck, Phoenix logra que la línea de su cuerpo transmita una
emoción tanto en el baile, como cuando lo vemos en acciones cotidianas; sus
costillas, sus omóplatos, sus codos, todo, todo su cuerpo te provoca una
sensación de aversión que causa algo de culpa por todo lo que sufre este hombre
conforme avanza la historia. La enfermedad que lo acongoja es casi una ironía de
la forma de reaccionar con la que incluso te puedes llegar a sentir
identificado. Vemos la cara de Arthur deformarse con esta risa que es incapaz
de controlar, mientras que sus ojos transmiten una pena y un cansancio que me
hizo pensar en las máscaras de teatro (Talia y Melpomene) que representan la
tragedia y la comedia.
En un mundo donde la justicia no es prioridad, donde la
economía no tiene un equilibrio, donde el pobre es maltratado y el rico es
vanagloriado, es fácil identificarse con un personaje que lucha por sobrevivir
en este mundo cruel. La película del Joker nos recuerda todas las veces que
escogimos a DC por sobre Marvel, por tocar los temas comunes y cercanos, desde
un lugar oscuro y crudo que no todos se atreven a tocar. Es aquí donde la trama
se vuelve peligrosa, porque cuando más violenta se pone la escena, más se te
aprieta el estómago, no solo por la sangre o el terror psicológico que nos
presentan, si no por la empatía que sientes por Fleck, te hace dudar de que si
la cinta es para todo espectador; es decir, hay todo un discurso detrás de este
personaje, que nos da muy buenas razones para rebelarnos ya contra el sistema.
El problema es que cuando el Joker pinta su sonrisa con la sangre de su boca,
sentimos que este terror psicológico que hemos estado viendo durante aproximadamente
100 minutos, se vuelve carne y asusta. Asusta además, porque aquí es cuando agradezco al director y al gran elenco como Robert De Niro, Zazie Beetz, Frances Conroy, Brett Cullen, entre muchos más que lograban a través de su actuación que nos hiciéramos preguntas como: ¿De qué me río?, ¿De quién me río?, ¿Alguien sale herido? y de ser así, ¿Me importa?.
La cinta está llena de referentes de todo tipo y sin duda su
mejor acierto es que abarca todas las áreas, porque más allá de ser una
película de DC, donde el mundo de los superhéroes se está robando toda la
atención. El Joker encuentra en la fotografía, en las actuaciones, en la música,
en el montaje, en la historia, en la ficción, en el realismo, en la psicología
y así en un sinfín de elementos, la forma de hacer que esta historia de origen
te toque de alguna u otra manera. Es por esto que te recomendamos que no
esperes más y vayas a verla, para que juzgues por ti mismo si esta es o no, la
mejor película en lo que va del año.
Por Deb!






