Casey Affleck escribe, dirige y protagoniza La luz de mi
vida; Película que ha generado algunas inquietudes, no solo por los conflictos
que rodean a Casey en lo personal, si no también, porque a nivel
cinematográfico el argumento de este film es muy comparable con otros. Si bien
es cierto que todo está visto y es difícil sorprendernos con tramas muy nuevas,
el parecido con La carretera es claro. Un padre y su hija intentan sobrevivir en
este mundo, tras una pandemia que acabó con la vida de prácticamente todas las
mujeres del planeta.
Sin embargo, la cinta cuenta con varios aciertos, por lo
menos a mí parecer. El ritmo lento donde Casey se da el lujo de narrar la
historia desde un lugar muy intimista, con actuaciones muy naturales en un
tempo en el que sientes que casi podría ser una película con escenas en tiempo
real, es lo que te hace empatizar rápidamente con los personajes sobre todo
desde el lugar emocional, tanto en la simpleza del cansancio, como en algún
relato conmovedor o incluso el miedo de luchar para sobrevivir. Hay una calma
que da paso a una alerta constante, como cuando te quedas callado con los ojos
muy abiertos cuando sientes un ruido que te acelera el corazón, así me sentí
conforme avanzaba la historia.
Otra cosa que marca la diferencia es que sea “hija” y no “hijo”,
claramente no es una decisión gratuita; estés a favor o no del feminismo o cualquier
tema relacionado a este, la película tiene opinión con lo que se vive en la
actualidad y claramente vemos una postura de lo que significa el rol de la
mujer en el mundo. Muchos podrán decir que se trata de una reflexión sobre el
liderazgo femenino, quizás otros se vayan por el lado del hombre defensor
imprescindible en la historia, pero la verdad es que creo que el enfoque es más
cercano, es un llamado de atención al cómo nos comportamos hoy con el tema de
género, qué pasa realmente con términos como: Autocontrol, tentación,
naturaleza, salvajismo, humanidad, raciocinio y así un montón de palabras que
parecen comunes y corrientes, pero que desatan un cuestionamiento importante a
la hora de imaginarnos en un mundo diezmado.
Puede que no sea suficiente, puede que el argumento de la
cinta no alcance a cubrir 119 minutos de una trama casi poética en el intento
de mostrarnos cómo este padre sufre por cumplir una promesa que le hizo a su
esposa antes de morir, cómo nos muestran lo difícil de criar, lo difícil de aguantar
hasta el final, puede que no logre convencerte del todo. Pero no se puede negar
que las decisiones fueron tomadas y se hicieron cargo, incluyendo los elementos
externos y usándolos completamente a su favor, tanto en la fotografía como en
la música, en la actuación y tremendo personaje que logra encarnar Anna
Pniowsky (como la hija); creo que cumple el objetivo de ser un film honesto y
sin mucho adorno.
Quizá no se lleven el premio a la originalidad, pero puede
que te haga reflexionar sobre más de un tema. Por su puesto y como siempre
digo, sobre gustos no hay nada escrito y los invitamos a verla y opinar por ustedes
mismos.
Por Deb!







