Hoy en día, el género isekai
es muy popular con obras como Kono
Subarashii Sekai ni Shukufuku wo! (Konosuba), Tate no Yūsha no Nariagari o Re:Zero kara Hajimeru Isekai Seikatsu. Sin embargo, este género del manga/anime no es algo de los últimos años, aunque se menciona
que una de las primeras obras es Manga Aesop
Monogatari de 1983 (quizás algún día lo veamos en esta sección). Siendo
más meticuloso al respecto, es mucho más antiguo, y se puede apreciar en obras
clásicas de la literatura como lo son Alicia
en el País de las Maravillas, Peter
Pan, El Maravilloso Mago de Oz
(título original del libro de 1900) y Las
Crónicas de Narnia. Aunque la verdad no iremos tan atrás en el tiempo, sino
que hoy nos transportaremos a la década de los 90 en Reseñas de Culto.
En esos días, muchos de
nosotros aún éramos jóvenes (unos más que otros) y en los canales de televisión
abierta transmitían muchas series (aparte de las que llegaban en VHS, de las
cuales algunos tenían acceso a estas series muchas veces con el doblaje hecho
en España), pero volviendo a este “contexto histórico”, este género
que algunos (quizás muchos) no sabíamos que tenía nombre en ese entonces se
hizo algo habitual con series como Digimon
Adventure, Monster Rancher, Magic Knight Rayearth (la cual
revisamos hace un par de semanas) y
la responsable de esta reseña: Tenkū no
Esclaflowne (conocida en estas tierras como “La Visión de Escaflowne”).
Este anime de 26 episodios, estrenado
en 1996, dio pie para dos series de manga y una película. Curiosamente, el manga se
estrenó antes que el anime debido al largo proceso de producción del anime.
Hitomi Kanzaki es una joven común y
corriente que tiene afición por el tarot y la lectura de las cartas, además de
ser miembro del club de atletismo de su escuela. En medio de una práctica, ella
queda atrapada en una visión donde ve a un joven llamado Van peleando con un dragón y se desmaya; esta situación de momento
no es importante, porque nuestra protagonista tiene un problema de índole
amoroso con un compañero del club de atletismo (Amano), ya que él se irá de Japón y debe confesarle sus
sentimientos.
Así que Hitomi se reúne con Amano y
le dice que si corre 100 metros en 13 segundos él le debe dar un beso. En medio
de la carrera, Van vuelve a aparecer
a la vista de Hitomi, pero no como una visión, sino que con forma física en la pista y
a la vista de los presentes, pero además aparece un dragón. Después de una
difícil batalla, Van, con ayuda de Hitomi, mata al dragón y toma una joya
de su corazón, pero resulta que ambos son transportados a otro mundo.
Este mundo se llama Gaea, desde el cual la Tierra es
visible y es conocida como la “luna fantasma”. En Gaea, existen la magia y criaturas peligrosas, como también unos
mechas llamados Guymelef, los cuales
pelean con espadas como caballeros. Resulta que Van es heredero del Reino de Fanelia, y la joya que tomó le
permitiría convertirse en Rey y también pilotear a Escaflowne, un Guymelef legendario. Antes de ser coronado, Fanelia es
destruida y ambos deben escapar, para buscar la forma
de restaurar el reino, salvar Gaea, y devolver a Hitomi a su hogar.
¿Vale la pena ver Tenkū no Escaflowne? Sí, es una serie
que es un deber ver en algún momento. Su historia es un híbrido de distintos
géneros, partiendo desde la literatura épica, con una marcada influencia
occidental, en especial por el lado del apartado artístico donde la tradición
europea es notoria, cruzándose de forma natural con la ciencia ficción, en especial
por el género mecha.
En este punto es un acierto,
aunque hay muchas series donde la tradición y el folklore van de la mano con la
tecnología. En muchos casos esto pasa a segundo plano, porque la historia no es
sumamente fuerte para mantenerte interesado en el universo donde todo se
desarrolla. Acá, sin embargo, todos estos elementos están muy bien trabajados, y
en sus 26 capítulos todo se desarrolla con el ritmo preciso.
Otro punto a destacar es la
banda sonora, partiendo por su emblemático opening Yakusoku Wa Iranai, interpretado por una joven Maaya Sakamoto (quien además es la seiyuu de Hitomi) y compuesto
por Yoko Kanno (Cowboy Bebop, Ghost in the
Shell: Stand Alone Complex, entre otras). Es un vals con influencias celtas
(la parte de las gaitas es magistral); a opinión personal, me atrevo a decir que
es quizás el mejor opening de los años 90 por la calidad de la composición,
pero no solo eso, sino que la banda sonora es bastante variada musicalmente, lo cual
tiene momentos que pueden gustar a gente con variados gustos musicales.
Tenkū no Escaflowne es una serie que tiene todos
los elementos para ser una obra maestra, tanto ayer como hoy. Aunque han pasado
23 años de su estreno, es una serie que está muy lejos de envejecer mal. De
hecho, si te das el tiempo de verla en estos días, sentirás que es una obra que
se mantiene muy fresca y eso demuestra su calidad. Como opinión personal, y me
hago cargo de mis palabras, es un anime que indudablemente está a la altura de
varias obras que se pueden considerar dentro de las mejores de la historia, y
probablemente es superior a varias de estas.
Si la has visto en algún
momento, no es mala idea que la vuelvas a ver, y si no lo has hecho, de verdad
te la recomiendo, así que dedica un tiempo para ver esta maravillosa serie.
Escrito por Sorlac.










