Cada vez es mas frecuente ver que al momento de terminar una historia,
venga en el formato que venga (libros, series, películas o videojuegos),
surge una enorme cantidad de comentarios y opiniones respecto a
esta.
Como espectadores estamos en una época bastante privilegiada en este aspecto, donde nuestro acceso a diferentes historias es mas amplio gracias a las plataformas que disponemos y, paralelamente, tenemos la posibilidad de expresar nuestro parecer respecto a las historias que hemos disfrutado, publicando opiniones en nuestras redes sociales e incluso existen plataformas que actualmente consideran la valoración del público como parámetro para medir el éxito o el fracaso de una historia.
Como espectadores estamos en una época bastante privilegiada en este aspecto, donde nuestro acceso a diferentes historias es mas amplio gracias a las plataformas que disponemos y, paralelamente, tenemos la posibilidad de expresar nuestro parecer respecto a las historias que hemos disfrutado, publicando opiniones en nuestras redes sociales e incluso existen plataformas que actualmente consideran la valoración del público como parámetro para medir el éxito o el fracaso de una historia.
Este fenómeno no es necesariamente malo, sino que simplemente son las reglas que existen actualmente. Desde cierta perspectiva, es bueno que los creadores de contenido tomen en consideración la apreciación de su público, ya que, al final, es el dinero de nosotros el que va a parar a las arcas de los creadores de contenido. Sin embargo, y como no puede faltar, esta posibilidad de criticar las historias que no nos gustan que tiene una gran contrapartida.
Partamos con un ejemplo que podemos aplicar a cualquier historia,
independiente del formato que tenga. Cuando nos enfrentamos a una trama,
tratamos de involucrarnos con ésta y con todo lo que esta historia
conlleva: los personajes, la ambientación, el contexto, el conflicto, el
desarrollo y el desenlace. Si la historia logra el objetivo de enganchar
con el espectador, estamos a las puertas de un producto que puede tener
éxito entre los espectadores.
Los creadores de contenido tienen como objetivo la rentabilización de sus
productos, por lo que usualmente dejan elementos que abren la puerta a la
existencia de segundas partes, secuelas, spin offs o póngale el nombre que
quiera, pero el espectador que recibe una primera temporada versus el que
espera una segunda temporada ha cambiado diametralmente.
Si una historia logra el objetivo de cautivar a una audiencia, esta
audiencia estará ávida de consumir las siguientes historias. Tal como
dijimos anteriormente, los creadores de historias dejan elementos que
podrían ser desarrollados en entregas venideras, pero una cosa es esperar lo
que pase en una siguiente entrega y otra cosa es desear que la historia siga
el curso que yo quiera, que es la postura que toma el espectador cuando se
enfrenta a las entregas de cualquier índole.
Es bastante común ver en distintas plataformas como cientos y cientos de
creadores de contenidos relacionados con distintas historias teorizan
elementos haciendo un ejercicio casi predictivo de cual va a ser el curso de
la historia, y muchos tratan de adjudicarse casi como un logro personal
digno de ser inmortalizado en piedra que acertaron sobre el rumbo específico
de una historia en particular. Incluso consumidores normales tratan de
teorizar cual es el rumbo de la historia, pero ¿qué pasa cuando la historia
no toma el rumbo que, como espectador deseo que tome?
Aquí viene lo importante, porque es fácil como creador de historias ser
complaciente con el espectador, e incluso ahorrarse horas y horas de pensar
en el devenir de una trama en particular cuando cuentas en internet con
cientos de miles de fanáticos que teorizan sobre los elementos que pusiste
en tu historia y ganarte la plata fácil, pero muchas veces esto no
ocurre.
Hay ocasiones en que estos malvados creadores de historias no siguen los deseos de sus fanáticos y tienen la osadía de orientar su historia en el rumbo que estos estiman conveniente, haciendo con esto un acto casi sacrílego con sus propios seguidores, ganándose las penas del infierno por osar orientar la historia en el tono que estiman conveniente.
Hay ocasiones en que estos malvados creadores de historias no siguen los deseos de sus fanáticos y tienen la osadía de orientar su historia en el rumbo que estos estiman conveniente, haciendo con esto un acto casi sacrílego con sus propios seguidores, ganándose las penas del infierno por osar orientar la historia en el tono que estiman conveniente.
Y aquí viene el elemento mas revelador de esta columna: El único que debe
decidir sobre el rumbo de una historia es su creador. Nosotros, como
espectadores, podemos criticar si la historia está bien lograda, si no fue
forzado el giro de elementos, e incluso comparar la estructura narrativa con
elementos de la construcción de las historias, pero debemos recordar que
somos espectadores, y por más que nos creamos con el derecho de decidir el
devenir de la historia, no tenemos esa potestad, y está bien que no la
tengamos.
Si la tuviéramos, perderíamos una de las capacidades que tenemos como espectador: la capacidad de sorprendernos. Si perdemos esta capacidad, estaríamos perdiendo la esencia de ser espectador, así que puedes seguir partiéndote el cráneo teorizando sobre el devenir de una historia, o disfrutar como la historia te va llevando. Yo, por lo menos, tengo mi postura clara.
Si la tuviéramos, perderíamos una de las capacidades que tenemos como espectador: la capacidad de sorprendernos. Si perdemos esta capacidad, estaríamos perdiendo la esencia de ser espectador, así que puedes seguir partiéndote el cráneo teorizando sobre el devenir de una historia, o disfrutar como la historia te va llevando. Yo, por lo menos, tengo mi postura clara.
Escrito por Miguel






