Sin embargo, solo una persona no puede hacer el proceso completo, y todos los elementos, como la fotografía, la música, y la edición deben armonizar unos con otros, o el resultado es una cinta que no gustará a nadie. Este es el caso de Quentin Tarantino, que ya es una inevitable discusión que el estilo de cine que siempre lo ha destacado va en un inevitable decline.
Sin importar donde creamos que el director tocó techo, muchos parecen acordar que esto fue en Bastardos sin Gloria, que fue hecha infinitamente mejor gracias a la presencia de Christoph Waltz en pantalla, aportando con su magnífica actuación como Hans Landa, que marca presencia desde la primera escena de la película, en una escena que sabe mostrarnos a Landa y el miedo de las personas a quienes interroga.
Esto es en gran parte gracias a la edición de la cinta, que sabe qué mostrarnos y cuándo mostrarnos. Además, el ritmo de la cinta no se siente pesado, ya que hay actos claros, diálogo abundante y bien escrito, y acción brutal y sin compromisos. Todo esto no estuvo tan presente en Django sin Cadenas, que pecaba de un ritmo más irregular, y que llevó a que Los 8 Más Odiados y Érase Una Vez en Hollywood fueran películas mucho más difíciles de ver al tener muchas escenas sin diálogo y un ritmo que hace parecer que la película es más bien un conunto de escenas que fueron pegadas para crear una historia.
En los últimos filmes,
la responsabilidad ha sido asumida por Fred Raskin, desde Django Unchained, ha
tenido un nivel de participación también de montaje. Es indiscutible que Fred,
no es un mal editor, ha tenido participación en películas tales como The
Fast and The Furious, pero claramente no es el enfoque del cine de Tarantino.
Cinematográficamente,
es notable que Django Unchained bajó la calidad, a comparación de otras
entregas, como Kill Bill. Sin embargo, la mayor crítica se la lleva Érase Una Vez en
Hollywood, donde es significativo que faltó un mejor manejo de edición (y alguien que quitara algunas de todas las escenas de pies que quedaron en el corte final).
Es indiscutible que pueden ser muchos factores que hicieron esta película bajar la calidad. El guion, escenas de relleno que eran más publicidad que trama, y la única actuación que se destacó es Leonardo DiCaprio o incluso el relleno de Margot Robbie. Pero no todo es negativo: la película sí destaca en música, vestimenta, colores, así que es muy difícil que no pongas atención.
Lamentablemente, hay que recordar que el estilo de películas de Tarantino siempre se ha destacado en lo no lineal, lo que en esta entrega deja mucho que desear, por la simple razón que tienes que tener una alta tolerancia al aburrimiento. También, hay varios momentos en los que los cortes son obvios, y no en un buen sentido.
Quizás el mayor pecado de Érase son sus largos silencios, ya que lo mejor de las películas del director siempre es el diálogo. Basta con ver True Romance, que fue escrita por Tarantino y dirigida por Tony Scott, para comprobarlo, con escenas clásicas como una con Christopher Walken, y la escena que da cierre a la cinta. Además, el hecho de que Tarantino pidió presupuesto elevado, y control creativo casi total habla mucho de las razones de la baja de calidad de su película más reciente.
Tarantino está convirtiéndose en una suerte de George Lucas moderno, ya que sus primeras películas, como Star Wars fueron mucho más colaborativas, y salvadas en la sala de edición. Por otra parte, el control casi absoluto de la trilogía de precuelas demuestra que es necesario que alguien diga a los directores y guionistas que algo está mal, ya sea el diálogo o el rimo de la cinta.








